domingo, 10 de diciembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XIV)

Los ejemplos de los santos nos sirven para confrontar su experiencia con la nuestra, viendo así cómo la Gracia los ha convertido en santos y ellos mismos han respondido adecuadamente a tanta Gracia.


En los santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, así como los innumerables santos de la Iglesia entera, atestiguan con su vida diferentes circunstancias y modos de vivir la paciencia: leer sus biografías es recibir una enseñanza constante.

Para Tertuliano, la paciencia se ve reflejada en los santos y así son para nosotros ejemplos y modelos para vivir esta virtud, adquirirla y desearla.


"Capítulo 14: Grandes modelos de paciencia
Contando con las fuerzas de la paciencia, Isaías no dejó de profetizar del Señor sino cuando fue aserrado vivo. 

San Esteban, mientras era apedreado, pedía perdón para sus enemigos (Hch 7, 59-60). 

jueves, 30 de noviembre de 2017

El perdón y los enfermos (Bloy)

Sorprendería, para este mundo de "valores" y de "políticamente correcto", la aparente resistencia de Jesús en sus curaciones. ¡Sólo se le ocurre perdonar primero los pecados! ¿No sería primero curarlo, restablecerlo, y luego... si hace falta... lo de los pecados?


Resulta que no, que al Señor más le importa la realidad del pecado y la destrucción que ejerce sobre el hombre, antes incluso que devolver la salud física.

Escribe León Bloy:


"No siendo el mal físico más que una consecuencia del pecado, Jesús empieza siempre por perdonar los pecados del enfermo que se le presenta, y carga con este peso. El enfermo, entonces, es curado de repente. Pero su mal no es más que desplazado. Está ahora sobre la Persona del Cristo, con los pecados que acaba de asumir" (Diarios, 15-diciembre-1894).

domingo, 26 de noviembre de 2017

Pronunciar una palabra (teológica) sobre la humildad

Cualquiera de nosotros, en cuanto discípulos del Señor, estamos en una escuela donde el Maestro es Cristo que con su Espíritu, nos va educando en la humildad.


¿Cómo? Bajo la Palabra divina, el hombre aprende a domar sus pasiones, reconocer su nada y dejar que brote la humildad como un don precioso, necesario.

La Palabra divina, Cristo mismo, se pronuncia con fuerza descubriendo la Verdad, y ésta saca a relucir aquello que somos, nuestra propia nada, el vacío, el pecado. La misma Encarnación del Verbo, que es la gran Palabra pronunciada por el Padre, es Humildad misma que atrae y modifica el alma de quien contempla y se une al Señor.

Pero la Palabra pide silencio: entonces se apodera de nosotros, transformándonos y abriéndonos horizontes impensables.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XIII)

Nuestro cuerpo gime aguardando la redención de nuestro cuerpo, dirá san Pablo en Rm 8. Los achaques, el debilitamiento de nuestro organismo, la enfermedad pasajera o crónica, la edad, etc., nos hacen ver cómo esta tienda nuestra se desmorona. El cuerpo es frágil aunque el alma esté pronta, dispuesta, ágil.


Incluso cuando quisiéramos hacer un mayor bien, entregarnos aún más, limitar el descanso y hacer muchas más obras de misericordia o también obras apostólicas, hemos de contar que nuestro cuerpo tiene limitaciones de distinto tipo.

También la paciencia ha de vencer aquí, también la paciencia tiene que ver con nuestro cuerpo, aceptando humildemente sus límites.

Desde otro punto de vista, el cuerpo aprende a ser paciente mediante los instrumentos clásicos: la penitencia, la oración y el ayuno, de manera que frene su impetuosidad o se detenga la concupiscencia que nos arrastra a la pereza o a la gula, etc.


sábado, 18 de noviembre de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXVII)


Jean GUITTON, La adoración en crisis, en: L´Osser Rom, ed. española, 8-marzo-1970, p. 2

 
"El silencio, la adoración, la soledad, el recogimiento son valores que están en baja en nuestra cultura moderna. La palabra "piedad", tan cara a Virgilio, se ha devaluado; e incluso quizá se toma en sentido peyorativo, como signo de debilidad, de retorno a la infancia y a la superstición.

 
Por otra parte, comprendo perfectamente por qué reacciona así la joven generación: ha sido víctima de demasiadas hipocresías, coacciones y mascaradas. El simple arrodillarse no significa adorar, como tampoco significa orar el estar solo, con la cabeza entre las manos. Cuántos silencios falsos se dan, poblados únicamente por nuestra fantasía.

La época postconciliar debe caracterizarse por la revisión de los valores tradicionales, para devolverlos a su primitivo esplendor. Se trata, por tanto, de purificar las antiguas formas de la piedad de siempre para encontrar su esencia. Estoy convencido de esto y lo he repetido tantas veces, mucho antes de que se celebrase el Concilio. Pero me viene a la memoria aquel amigo que -tratando de limpiar con gran cuidado el retrato de un antepasado-, al mismo tiempo que le quitaba la suciedad le hizo desaparecer también la nariz. Y recuerdo igualmente el famoso dicho de los ingleses: "No arrojes al niño al tirar el agua del baño".