viernes, 23 de febrero de 2018

Espiritualidad de la adoración (XXX)

El himno a la kénosis de san Pablo en la carta a los filipenses (2,6-11) ofrece la perspectiva salvífica del misterio de la Encarnación, pasión, muerte, resurrección y glorificación de Cristo. Es la síntesis del Misterio.

Parte de una clave fundamental: Cristo "se vació", "se despojó", "se rebajó", y si lo hizo no fue por otra cosa más que por amor para salvarnos. Vivió despojado de sí mismo, asumiendo lo que no era (nuestra naturaleza humana) para que nosotros recibiéramos aquello de lo que carecíamos (la naturaleza divina, la divinización).


Recordemos el himno paulino cantado habitualmente en las I Vísperas del domingo:


Cristo, a pesar de su condición divina, 
no hizo alarde de su categoría de Dios; 
 al contrario, se despojó de su rango 
y tomó la condición de esclavo, 
pasando por uno de tantos. 

Y así, actuando como un hombre cualquiera, 
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, 
y una muerte de cruz. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Humildad y verdad

La Verdad os hará libres (Jn 8,32), señala Cristo, Él que es la Verdad. La Verdad nos hará libres mientras que la mentira hace esclavos e hijos del padre de la mentira.


La Verdad es liberadora, la mentira es esclavizadora. Y la verdad de nosotros mismos es nuestra pobreza, nuestro vacío, nuestro pecado, nuestro ser pequeño. La mentira, soberbia, nos esclaviza incluso a nosotros mismos pretendiendo ser y aparentar lo que no somos.

La Verdad es liberadora y nos hace libres. Por eso, y siempre, la humildad es andar en verdad, reconociendo la verdad de lo que somos. El humilde no teme a la Verdad porque nada tiene que ocultar. El soberbio se horroriza ante la Verdad y prefiere la tiniebla a la luz para que no se vean sus obras.

El humilde nada tiene que esconder, nada que disimular. Su ámbito es la luz. Así lo explicaba santa Teresa en las Moradas del castillo interior:

domingo, 18 de febrero de 2018

Las tentaciones del Señor

Cada primer domingo de Cuaresma, señalándonos aquello mismo que ahora todos vamos a vivir, se proclama el evangelio de las tentaciones del Señor en el desierto.


Este evangelio, situado así al inicio del desierto cuaresmal, marca lo que la Iglesia entera va a vivir: la lucha de los catecúmenos para prepararse a su inmediato Bautismo en la Vigilia pascual; la lucha de los penitentes hasta alcanzar la Reconciliación en la mañana de Jueves Santo; la lucha de los fieles para vivir renovados y purificados el Triduo pascual.

Hacemos aquello mismo que hizo el Señor: enfrentarse al mal, apartándose de todo para entrar en el desierto y comenzar la Pascua como Israel; del desierto a la patria, de la lucha a la victoria.

El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento,
inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
 podremos pasar un día a la Pascua que no acaba
(Prefacio I domingo Cuaresma).

viernes, 16 de febrero de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, I)

Tras haber visto el más antiguo tratado sobre la paciencia, el del escritor africano Tertuliano, pasaremos a leer el trabado "sobre el bien de la paciencia" de San Cipriano, el obispo africano de Cartago, mártir en el s. III.


Al considerar, bajo diferentes argumentos, la virtud de la paciencia, hemos de desearla, entenderla, asimilarla, por lo importante que es que logremos ser "hombres virtuosos", esto es, no tener un acto de paciencia una vez aislada, en alguna ocasión, sino ser siempre pacientes.

Con la paciencia, su raíz, su objeto, su fin, alcanzaremos los bienes definitivos. Sean éstas unas catequesis patrísticas de verdad morales, educando nuestro ser en la moral cristiana, no en el moralismo, y pidiendo desde ya el don de Dios en los corazones.



"1. Habiendo de tratar de la paciencia, hermanos amadísimos, y debiendo ponderar sus beneficios y ventajas, por dónde empezar mejor que diciéndoos que ahora mismo necesito de la vuestra para escucharme, pues sin ella no podéis oírme ni aprender de mí; un razonamiento bien concertado se capta con provecho y eficacia cuando se escucha con paciencia. Y, a la verdad, no encuentro un razonamiento más útil para la vida o más eficaz para la gloria que practicar por completo la paciencia siguiendo los preceptos del Señor con espíritu de temor y de entrega.

lunes, 12 de febrero de 2018

La vida eucarística - I

            Sean las palabras del Papa pronunciadas al inaugurar el Año de la Eucaristía, las que igualmente nos sitúen para vivir la Eucaristía celebrada y adorada. Así, con sentido de Iglesia, abriremos el corazón al horizonte eucarístico.

            “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).



            Reunidos ante la Eucaristía, experimentamos con particular intensidad en este momento la verdad de la promesa de Cristo: ¡Él está con nosotros!

            El punto de encuentro es Jesús mismo, realmente presente en la Santísima Eucaristía con su misterio de muerte y resurrección, en el cual se unen el cielo y la tierra, y se encuentran los pueblos y culturas diversas. Cristo es “nuestra paz, haciendo de los dos un solo pueblo” (Ef 2,14).

            ¡Misterio de luz! De luz tiene necesidad el corazón del hombre, oprimido por el pecado, a veces desorientado y cansado, probado por sufrimientos de todo tipo. El mundo tiene necesidad de luz, en la búsqueda difícil de una paz que parece lejana al comienzo de un milenio perturbado y humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra.