martes, 17 de octubre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XI)

La impaciencia todo lo destruye, y deja el alma arrasada, mientras que la paciencia, laboriosa, va engendrando virtudes que arraigan en el corazón humano.


Para adquirir cualquier virtud es necesaria su consideración, la repetición de actos hasta que se convierten en hábitos firmes del alma y lleguen ser parte de nosotros mismos. Esto no se consigue de un día para otro, ni de la noche a la mañana. No se deja ningún vicio del alma inmediatamente para que arraigue ya una nueva virtud. El trabajo es lento y paciente.

Por eso la paciencia trae consigo un conjunto de virtudes que se van haciendo nuestras con el paso del tiempo, lentamente, y refrena la impaciencia con sus vicios.


"Capítulo 11: La paciencia, madre de todas las virtudes
Después de haber tratado -dentro de nuestras posibilidades- los temas principales sobre la paciencia, ¿sobre qué otros trataremos?, ¿serán los de casa o los de afuera? Abundante y extensa es la labor del demonio. Variadísimos los dardos de este arquero dañino. A veces son pequeños y otras muy grandes. A los menores los desprecias en razón de su misma pequeñez; pero de los mayores, ¡huye a causa de su violencia! 

domingo, 15 de octubre de 2017

Obras de santa Teresa de Jesús



Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, ejerció un magisterio propio mediante sus escritos; esos libros suyos son hoy igualmente un magisterio vivo y muy sugerente, una escuela de vida cristiana y del seguimiento radical del Señor, teniendo como cimiento la oración.



            Fueron sus confesores los que la obligaron a empezar a escribir, y santa Teresa obedeció gustosa. Sacaba ratos por la noche para escribir; no hacía borrador alguno, ni tenía tiempo para revisar lo escrito, con lo cual hay digresiones y repeticiones. Quería enseñar y transmitir, no buscaba el esteticismo literario ni la perfección estilística de una obra acabada para generaciones venideras.

            Escribe como habla, porque está entablando una conversación con el lector. Es un lenguaje directo, rico, con muchas imágenes, giros preciosos, frases lapidarias. Enriquece sus obras con su propia experiencia, y el marco de su experiencia es la referencia, sin que lo eleve a norma absoluta, porque sabe bien que Dios lleva a cada alma por distintos senderos. Tiene ingenio, posee buen humor, capta bien la atención del lector. Y como escribe delante del Señor, en su presencia, muchas veces corta el hilo de la narración o de la exposición, deja en suspenso al lector, y escribe a Dios rezando. De esa manera, el lector reza también con Teresa, juntos, a Su Majestad.

sábado, 14 de octubre de 2017

Dones de Dios en la oración (teología de la oración)

Maravillosamente, y de manera imprevista, Dios tiene como oficio amar, y el amar en Dios es darse. No lo hace en virtud de nuestros méritos, ¿cuáles?, sino en virtud de su amor, de sí mismo. El ejercicio de la oración es una receptividad para el don que es Dios mismo y para los dones que Él quiere comunicar libremente.

Sus dones son constantes. Otra cosa bien distinta es que nuestros sentidos estén embotados, distraidos y metidos en sus cosas y no sintamos ni la presencia de Dios ni su actuación en nuestra alma. Pensamos que Dios no está ni se comunica y sin embargo somos nosotros los que en muchos momentos somos incapaces de sentir y percibir a Dios.

Como las aguas profundas están calmadas y en paz aunque en la superficie haya oleaje, así nuestra alma, débil, experimenta oleajes, ya sea por la imaginación y las distracciones, ya sea por sequedad y largos períodos de purificación, mientras que en lo más interior del alma, sin que lo sintamos, Dios está dándose.

Detengámonos ahora en ver qué da Dios, qué entrega gratuitamente al alma. Así aprenderemos a ir a la oración para buscar a Dios, sólo a Dios, y recibir humildísimamente lo que Él se digne dar.


"... para una infusión de Amor, en lo secreto...

Es posible responder, conservando en la acción de Dios su carácter necesariamente misterioso: son "las cosas de mucho secreto" que pasan "entre Dios y el alma" (1M 1,3). Escuchemos a nuestros dos doctores decirnos este maravilloso enriquecimiento que Dios procura al alma: "Dios enseña el alma y la habla de la manera que queda dicha... Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda, en lo muy interior del alma, y allí lo representa sin imagen ni forma de palabras, sino a manera de esta visión que queda dicha. Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el alma lo que El quiere y grandes verdades y misterios" (V 27,6). "Es Dios, el cual oculta y quietamente anda poniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa... Pero los bienes que esta callada comunicación y contemplación deja impresos en el alma, sin ella sentirlo entonces, como digo, son inestimables; porque son unciones secretísimas, y por tanto delicadísimas, del Espíritu Santo, que secretamente llenan el alma de riquezas" (L 3, 33. 40).

lunes, 9 de octubre de 2017

Apostolados santos (Palabras sobre la santidad - XLV)

La fecundidad del apostolado radica en la santidad, si bien esta fecundidad, en muchísimas ocasiones, apenas tenga nada que ver con éxitos numéricos, aplastantes, rápidos o instantáneos. A veces esta fecundidad ni los propios santos apóstoles la ven, sólo se revela a largo plazo y de modo inesperado.


Pero sí es condición del apostolado la santidad.

Este apostolado se identifica con la santidad del apóstol, lleno de Dios, respondiendo a la gracia, sin depender simplemente de estrategias humanas, de planificaciones pastorales, de un estilo democraticista -que decía Juan Pablo II en Tertio millennio adveniente-. Es menos cuestión de estrategias y reuniones, de métodos pastorales o del empleo de audiovisuales y textos, cuanto de la santidad del apóstol que anuncia y da testimonio y acompaña a los demás llevándolos a Cristo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

A través del trabajo (Palabras sobre la santidad - XLV)

La santidad toma como materia lo cotidiano, lo profano, lo secular, que es amasado y que recibe una nueva forma por la acción de Dios.

Si pensáramos en una santidad de lo extraordinario y lo excepcional, la santidad se tornaría inalcanzable, imposible.


A veces, la percepción de la santidad, errónea, es que se logra a pesar de lo cotidiano, a pesar de la realidad, tan prosaica y monótona, de cada jornada, una igual que la otra, la de hoy igual que la del día anterior.

¿Santificarse? Parecería que lo cotidiano, el matrimonio, la familia, el trabajo, etc., serían obstáculos para la santidad, y que, sin ellos, se alcanzaría la santidad más plena, rápida, fácilmente.

Pero no se trata de santificarse "a pesar de", sino "a través de", a través del trabajo, a través del matrimonio, a través de las realidades seculares, profanas.